La historia de Randy Lanier y los hermanos Whittington: marihuana, la D.E.A y coches de carreras

Hasta hace poco, si buscabas el nombre de Randy Lanier en la Wikipedia, entre otras muchas cosas, decía que era un ex-piloto de carreras de coches. Hoy ya no menciona lo de “ex”, porque tras 26 años en prisión por tráfico de marihuana, una de las primeras cosas que hizo tras recuperar su libertad fue, como no podía ser de otra manera, subirse en un coche de carreras. 

Esta historia, al igual que la de los hermanos Whittington, con la que está íntimamente relacionada, son dignas de la gran pantalla, pues es una muestra más de que la realidad supera a la ficción con mucha frecuencia.

Pongámonos en situación: Florida, años 60, paraíso del amor libre y las fiestas aderezadas con los cigarrillos de la felicidad y, entre todo eso, un veinteañero de familia humilde dispuesto a comerse el mundo. Randy, sin otro ánimo que pasarlo bien y disfrutar de la vida, empieza a mover pequeñas cantidades de hierba entres sus amigos, un juego inocente en una época en la que, aunque ilegal, la marihuana estaba muy de moda entre la gente joven.

Con el dinero obtenido mediante el trapicheo, compró poco después una pequeña fueraborda para salir a navegar con sus amigos y, por qué no, hacer también alguna que otra fiesta. No tardaron en hacerle una propuesta: ya que tenía el barco, ¿por qué no hacer algún que otro viaje a las Bahamas (300 km desde Florida) y traer cantidades mayores de Marihuana? Tan sencillo como suena. Dinero fácil que le permitió comprar a principios de los 70 su primer coche de carreras: un desvencijado Porsche 356 de 1957.

Comenzaba la carrera deportiva de Randy, más como un divertimento que como una profesión, pero que poco a poco iba ganando terreno en su vida personal hasta llegar a disputar en 1978 su primera carrera profesional de la SCCA en Miami Beach.

Randy en 1984. Fue rookie del año en las 500 Millas de Indianápolis de 1986, pulverizando el récord de los novatos, ostentado por Andretti.

Paralelamente, también nos encontramos con los mencionados hermanos Whittington. Su historia deportiva es un poco más confusa y diremos tan solo que, en un momento dado de sus vidas, decidieron que querían ser pilotos profesionales (¿y por qué no?), pasando de ser unos completos desconocidos en el mundo del motor a disputar y ganar las 24 Horas de Le Mans en 1979.

Sí, con un Porsche 935…

Los dos hermanos llegaron al trazado francés conduciendo desde Alemania y por la carretera el Porsche 935 K3 de Kremer con el que se se alzarían con la victoria de Le Mans. Todo esto, por supuesto, tras desembolsar 20.000 $ por cada asiento, que compartían con el piloto profesional alemán Klaus Ludwig. Las cosas no empezaron bien cuando, tras pagar una cantidad nada despreciable, Erwin Kremer les comunicaba que serían los últimos pilotos en montarse en el coche. Si algo salía mal, ni siquiera tendrían opción se salir a pista.

Si hay que ir a Le Mans en coche, se va

Ante el enfado de los Witthington y la pregunta de qué sería necesario para pilotar en primer lugar, Kremer les dijo con tono socarrón que podían comprar el coche por… 200.000 $ (un precio muy superior al del valor del coche y que Kremmer usó para cerrarles boca). Suponemos que éste quedó en shock cuando Bill Witthington le contestó que podía ir a su camión y coger los 200.000 $ en efectivo, y ni un centavo más, de su bolsa de viaje. Por supuesto, fueron los primeros en salir a pista.

No seremos nosotros los que digan que los Whittington sobornaron a un comisario técnico y repostaban sin válvula de seguridad al doble de velocidad que el resto de equipos…

Aunque es de sobra conocido que fue Ludwig quien hizo el trabajo duro durante la carrera, lo cierto es que los dos hermanos acababan de convertirse, instantáneamente, en ganadores de la 24 horas de Le Mans.

Dada la euforia del momento, y ante los pedidos que inmediatamente le acaban de llegar a Kremer, le compraron otros dos coches también en efectivo. Haciendo números rápidos, quiere decir que los Whittington habían llevado en bolsas de viaje hasta Le Mans ¡más de medio millón de dolares! Se iban con las bolsas vacías, pero como legítimos ganadores de las 24 horas de Le Mans, tenían todas las puertas abiertas.

Le Mans ’79, noventa minutos antes de que terminara la carrera. Los Whittington (líderes en ese momento) de charla con Paul Newman (en segunda posición también con un Porsche 935) 

A su llegada a Estados Unidos y con el trofeo de campeones bajo el brazo, crearon su propio equipo de carreras (el Whittington Bros. Racing) en el que ellos mismos competían en diversas series como la Indy y la NASCAR. Poco después compraron el circuito de Road Atlanta, que por aquel entonces tenía la recta más larga de cuantos circuitos había en EEUU. Es inevitable preguntarse de dónde salía tanto dinero o quién era esta gente; dejemos caer que la recta del circuito era un buen lugar para hacer aterrizar por la noche avionetas cargadas de marihuana para su distribución por todo el país con los camiones de carreras.

Mientras tanto, la carrera deportiva de Randy Lanier prosperaba gracias a su velocidad en pista. El punto de inflexión llegó en las 24 Horas de Daytona de 1982, cuando desde el afamado equipo Ferrari NART (North American Racing Team, del que hablamos cuando publicamos este interesante artículo sobre Dan Gurney) le ofrecieron disputar la carrera en sustitución de Janet Guthrie, que había caído enferma. La carrera terminó para Randy con rotura de la transmisión, pero sus buenas manos hicieron que el equipo le invitara a correr las 24 Horas de Le Mans.

En 1983 conseguía terminar segundo en las 24 horas de Daytona y como no podía ser de otra manera en esta historia, por fin convergen de forma oficial nuestros protagonistas. Habituales todos ellos de las carreras y, como no, sabedores del negocio ajeno, los reyes del tráfico de marihuana por mar (Randy, que por aquel entonces ya era dueño de una empresa de alquiler de yates) y por aire (Bill y Dan, que tenían su respectiva empresa de alquiler de aviones), deciden formar un nuevo equipo de carreras, el Blue Thunder Racing.

El March 83G del Blue Thunder Racing con el camión de Whittington Bros. Racing y Road Atlanta de fondo 

Salido de la nada, desde fuera todo parecía indicar que sería otra de esas aventuras empresariales que apenas duran un par de años antes de desaparecer, pero dentro, nuestros protagonistas tenían algo muy claro: para ganar a Porsche y Jaguar, había que gastar tanto dinero como Porsche y Jaguar. Como podréis imaginar, a estas alturas de la historia, la hierba entraba por toneladas en el país mientros nuestros protagonistas se dedicaban a buscar la última décima en cada circuito, rodeados de chicas guapas, mostachos gigantes y fiestas épicas, ganando además Randy el Campeonato IMSA de ese mismo año con un March 83G. Una grandiosa mezcla entre Boogie Nights y Días de Trueno.

Como esto, pero en bien

Probablemente les hubiera ido mejor en su “negocio de importación” con un equipo de mitad de tabla, pero como buenos pilotos, lo que querían era ganar. Debido a sus buenos resultados y a un incidente en pista con muchos coches involucrados que tuvo mucha repercusión mediática, hizo que el equipo Blue Thunder saltara a los tabloides. En aquella época, el motorsport en EEUU era el equivalente al fútbol en España, así que, de repente había muchos ojos observando al Blue Thunder y a sus pilotos. Inevitablemente, empezaban a surgir ciertas preguntas incómodas. ¿Quién patrocinaba el equipo?¿De donde salía tanto dinero? Nada era problema para ellos sin embargo; desde inventarse patrocinadores -como aquel perfume que las Paddock Girls iban promocionando por los circuitos y que ni siquiera existía- hasta hacer trampas para ganar carreras ocultando botellas de Óxido Nitroso en los 935K para arrasar a la competencia con 1000 cv de potencia. Fundir motores de 40.000 $ como si fueran cerillas no era un problema para el Blue Thunder Racing, la cantidad de dinero del que se disponía era simplemente incalculable.

Lo mismo debió pensar el gobierno estadounidense, que no veía demasiado claro que una empresa de alquiler de barcos y una empresa de alquiler de aviones generan tanto dinero, con lo que empezaron a “tirar de la manta” y en 1986 fueron acusados de blanqueo de dinero y tráfico de drogas. Salieron relativamente indemnes, con condenas pequeñas o tirando de talonario, sin embargo, ya en 1988, con Ronald Reagan en la Casa Blanca y con una campaña que había convertido las drogas en el “Enemigo Nº1 de EEUU”, la D.E.A les vinculó con una operación de tráfico valorada en más de 300 Millones de $ que los llevaría de cabeza a prisión durante muchos años, no sin antes que Randy protagonizara una huida de película por sudamérica que mantuvo a la D.E.A en jaque durante más de 8 meses. La D.E.A estimó que entre los hermanos Whittington y Randy, habían introducido en los últimos 3 años más de 150 Toneladas de hierba en el país por mar y aire, distribuyéndolo después por carretera. Como decíamos, una historia digna del cine.

Hablando de cine: Días de trueno (Days Of Thunder). Peliculón

Y esta es la historia de uno de los imperios de drogas más grandes de la historia de Estados Unidos, llevado a cabo por un grupo de adictos a una droga muy diferente y que, si eres lector de 8000vueltas quizá comprendas: la velocidad.

Si miramos el lado positivo, esta precisamente fue la época en la que los controles antidroga se implantaron en la Indy y en la Nascar. No hay mal que por bien no venga.

Dicen las malas lenguas que los Whittington podían haberse vuelto confidentes de la CIA y por eso sus condenas fueron menores que las de Randy, que como decíamos, salió de prisión hace un par de años tras haber sido condenado a cadena perpetua. Su primer mensaje en Facebook, una vez puesto en libertad, fue el siguiente:

Primer día fuera de prisión tras 26 años para Randy, trata de imaginar la sensación

Toes in the water
Ass in the sand.
No worries in the world.
Trees, birds, and cars.
No prison bars.

Life is good today.

Randy

EXTRA LAP

Aquí tenéis un pequeño vídeo, muy interesante, que cuenta la historia de los hermanos Whittington.

BIBLIOGRAFÍA

The untold story of Randy Lanier, Indy 500 Star and drug smuggler

Former Indy 500 racers probed by DEA for alleged drug trafficking

Racecar Drivers Don and Bill Whittington: Drug Smugglers and CIA Helpers?

That time Indy 500 drivers were pot smugglers

The drug-running team who got into racing with a bag full of cash at Le Mans

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14 comentarios en “La historia de Randy Lanier y los hermanos Whittington: marihuana, la D.E.A y coches de carreras”

  • Miguel Ángel

    22 de junio de 2018 a las 12:21

    Increíble. La verdad es que sería un peliculón, especialmente para cualquiera de los que visitamos vuestra web.

  • Deivid Torrepower

    22 de junio de 2018 a las 12:39

    Os superáis con cada nueva entrada.
    Bravísimo y mil gracias por estos regalos =D

  • ToniExup

    22 de junio de 2018 a las 14:56

    Me ha divertido muchísimo conocer la historia de estos cachondos.

    Me alegra ver que eres capaz de ver las muchas caras y formas que tiene el tema de los coches, velocidad, conducción, etc. Espero poder leer el siguiente artículo en cuanto encuentres inspiración.

    Un saludo.

  • Felipe

    23 de junio de 2018 a las 09:46

    Me encanta estas historias. Velocidad, los locos 70, una historia digna de Martin Scorsese. Mi enhorabuena a este artículo, me ha encantado.

  • PJ

    23 de junio de 2018 a las 14:38

    Muy interesante! Ya podrían sacar una serie similar a la de Narcos, esta seguro que la vería!

  • Xavih

    23 de junio de 2018 a las 17:54

    Comparto lo dicho por todos, es increíble en Hollywood no se hayan fijado que todavía en la vida de los Whittington para hacer un guion, o también una serie de Netflix, pero parece que fuera de Fast and Furios no hay lugar para los coches.
    Buenísimas anecdotas en especial el viaje a Le Mans, el perfume falso y la pista de aterrizaje de avionetas en pleno circuito, parece increible todo, pero lo que todavía se callaran estos piezas.
    Enhorabuena por difundir esta historia!

  • Alfonso Carrascal

    25 de junio de 2018 a las 15:02

    Increibles artículos en esta web… siento no comentar más cada noticia/reportaje … aún así soy gran admirador de vuestro trabajo.

    Gracias

  • quim

    25 de junio de 2018 a las 15:59

    Una enhorabuena más. Genial artículo!
    Me ha recordado también Los locos de Cannonball, película icónica para los adolescentes de los 80 que soñábamos con coches. Countach, Firebird,…
    Es realmente un placer leer historias escritas con tanto cariño.

  • indeciso

    26 de junio de 2018 a las 08:44

    Increíble historia, la desconocía por completo.

  • Ana

    3 de julio de 2018 a las 23:55

    Increíble historia y genial reportaje. Me ha encantado!!!!!

  • My Scoot

    4 de julio de 2018 a las 21:34

    Buena historia para una película… algo de antivalores pero, de seguro interesante para algún público!!! las carreras de coches deben avanzar al uso de vehículos eléctricos… ese es el futuro de la movilidad

  • Kike

    20 de julio de 2018 a las 12:32

    Simplemente espectacular, tanto la historia como vuestro buen hacer! Seguid así, sois insuperables!

  • Javier Martínez

    3 de agosto de 2018 a las 11:40

    He llegado a vuestra web por el artículo sobre el Cadillac 1959 y lo cierto es que me está encantando lo que veo. Esta historia es genial así que seguiremos investigando vuestra web, seguro que sacamos… ¡petróleo!

  • arribi

    21 de noviembre de 2018 a las 17:12

    Una historia digna de Hollyywood, sí. La desconocía por completo. Gracias por traérnosla.

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