Historias de un Hachi Roku californiano, la prueba final

Y por fin llega la prueba de fuego. Regresamos a Willow Springs.  Una temperatura anormalmente baja y vientos fuertes hacen la mañana bastante desagradable. Las lluvias torrenciales de los últimos días han dejado algo de nieve en las montañas que hay que atravesar para llegar al desierto del Mojave, por donde debemos de pasar antes de llegar al circuito.

El día de hoy tiene abiertos varios trazados en los que iremos probando si el comportamientoha mejorado con los últimos cambios. Primero daremos una tanda en el circuito de Streets of Willow, pero los organizadores han decidido que hoy correremos en sentido anti horario, al contrario que la anterior vez. Esto cambia completamente el trazado no sólo porque lo hacemos al revés, si no porque donde antes frenábamos en cuesta, ahora frenamos en descenso, siendo muchísimo más intenso para los frenos. Además, ciertas series de curvas que son bastante entretenidas, pierden un ritmo natural que tienen con el circuito en sentido horario.

 

Reflexionando con los frenos aun acusando la fatiga de una tanda dura, me doy cuenta de que el coche está bastante más asentado que anteriormente. Ahora puedo controlar mejor el sub y sobreviraje y puedo paliarlo más fácilmente cuando aparece sin que yo lo busque. La primera impresión es muy buena, pero ya estoy deseando irme al trazado grande, a “Big Willow”, a ver qué tal va en curvas rápidas, que es donde uno puede de verdad comprobar si el trabajo que hemos hecho ha servido para algo.

Es mi primera tanda en Big Willow con el AE86 (había rodado semanas antes en un 997 GT3 3.8, pero de eso ya hablaremos otro día) y sabía “por donde iban las curvas”, pero poco más. En unas cinco vueltas empiezo a aprenderme el trazado y empiezo a entender las trazadas, empezando a ser capaz de aprovechar todo el ancho de pista a la entrada y salida de las curvas, cada vez parando menos el coche.

Para cuando me quiero dar cuenta, lo más lento que voy es en tercera, que sólo meto una vez en toda la vuelta. Este coche no es muy rápido pero aun así me doy cuenta de que este circuito está hecho por y para auténticos locos. Los ritmos siguen subiendo a medida que voy cogiendo confianza. No hay curvas lentas, en serio. Apenas tengo cuatro puntos de frenadas cortas para todo el circuito: final de recta, que apenas bajas a cuarta y ya te estás lanzando a más de 160 a por el vértice; en la curva tres, justo antes de tirarlo a esta curva en cuesta que te frena y si no intentas apurar, puedes perder lo que parece una eternidad hasta que coronas la cima, levantas el pie del acelerador un instante para que el coche gire y te tiras en un descenso contraperaltado cual kamikaze en la curva cuatro y preparándote para la cinco. Las otras dos frenadas son una en la bajada en apoyo a derechas hacia la técnica y apasionante curva cinco y, por último, antes de entrar en la curva nueve, justo después de la ocho, que tiene la fama de ser la más rápida al oeste del Missisipi (qué “western peliculero” suena, ¿eh?).

La curva número ocho le da gran parte de la fama a Willow Springs de ser el circuito más rápido del Oeste.

Las curvas cinco y ocho son fascinantes. Para mí, de lo más emocionante de todo el circuito, y están bien arriba en mi ranking personal de las mejores curvas que he hecho, junto con la bajada a Bugatti (Jarama), Adenauer Forst y  Pflanzgarten II (ambas del Nordschleife).

“Turn 8”

Para afrontar el rapidísimo giro número ocho, a cada vuelta voy empezando a afinar más en la trazada, voy cogiendo más referencias (hay poquísimas, ya que estamos en medio del desierto) y cada vez mayor velocidad. Voy probando primero a no reducir a cuarta (pensando: “Hostias, como  voy…”). A la siguiente vuelta, probando a frenar menos. Otra vuelta y paso sólo levantando momentáneamente el acelerador: “uf, parece que se puede”… La siguiente, sin levantar desde la frenada para tirarte a la curva cinco… no respires… meto la quinta y ¡A FONDO! … Inicia el giro y apoya el coche, apunta al vértice y reza para que no tengas que corregir o subvires, teniendo que levantar el gas y arriesgarte a tener un coletazo. Parece que entra bien al vértice pero, ¿y la salida? ¿Me escupirá a la arena a más de 160…?

“Mira siempre hacia donde quieres ir y lo harás”. Es una frase que aprendí hace bastantes años y siempre me ha sacado de muchos apuros gordos. Esta vez el coche siguió la trayectoria sin tener que intervenir, pero lo peor aún no había pasado. Salí disparado hacia el borde exterior de la curva, aun en apoyo, anticipándome para el último giro antes de completar la vuelta, el nueve.

“Turn 9”. Toca el interior antes de rebasar este cono y estás perdido.

La curva nueve es muy traicionera y ciega hasta el punto de que para evitar las salidas de pista, hay un cono bastante alto en pleno vértice para dar alguna pista. Después del giro ocho es muy difícil ajustar mentalmente la velocidad a la que vas a poder trazar sin salirte. Entra mal en ella y el desastre está asegurado. No es mucho más lenta que el ocho, pero sí que perdona menos porque a la salida se estrecha por la trazada, además de perder la ligera inclinación del peralte a tu favor, con lo que, literalmente, te escupe.

La curva nueve no tiene piedad con los pilotos que no la respetan.

Miro al punto de inicio del giro, empiezo a levantar el pie del gas suavemente para que la transferencia de pesos no descoloque el coche, que aun estoy girando. Rápidamente llevo mis pies al embrague y freno, doy un golpe de gas con el talón (punta-talón) para meter cuarta rápidamente, miro al cono del vértice y me tiro pie a tabla como un poseso a por él. Parece que el coche gira de más, ahora que hay algo más de peralte a mi favor, pero he girado algo tarde anticipándome al cambio de inclinación y ancho de pista que hay una vez después del cono. Paso al lado del cono, tan cerca del piano interior que, sin subirme a él, noto levemente en el volante que estoy rozándolo con el neumático. Lo rebaso y entro en la zona plana y estrecha de la curva. Empiezo a subvirar levemente. No dudo y mantengo el pie a tabla. El coche sigue subvirando y el límite del asfalto se acerca rápidamente. Progresivamente se va deteniendo cada vez más cerca de la arena. He pasado. Esa última parte de la vuelta, desde el cinco ha sido una pasada y a partir de ahí empiezo a repetirlo una y otra vez, disfrutando cada vez como la primera. Tomar una curva en quinta a fondo es algo muy especial.

Los mejores momentos del día en Willow Springs: dándolo todo en Big Willow.

Ojalá pudiera transmitiros mejor la satisfacción que da poder conducir al límite un coche bien puesto a punto en circuito. Esa conexión con tu máquina, ese “feedback” que te da una dirección precisa, un chasis bien puesto a punto que convierte a cada neumático en una prolongación de tus extremidades. Esa sensación de confianza para tirar el coche en curvas de mil maneras distintas y probar trazadas, transiciones, donde dar gas, donde dejar de frenar. Tú piensas y él lo hace casi solo: “Ahora vamos a tirar por aquí, luego probamos a dar gas aquí…” y ver que el coche no te lo pone difícil, es más, es tu amigo, tu herramienta de trazar curvas, tu instrumento de precisión (y disfrute). Eso, señores, es lo que todos los coches de un buen entusiasta de la conducción deberían de ser. Y estoy orgulloso de poder decir que en esto, el Toyota AE86 no tiene rival.

FIN

Extra Lap

Además de Streets of Willow y Big Willow, también nos pasamos por la zona de “The Balcony”, que es ni más ni menos que una explanada para practicar drifting:

El resultado:

Extra Lap 2

Un vídeo de un viaje a San Francisco yendo por la increíble “PCH” (Pacific Coast Highway), disfrutando del paisaje de la costa Californiana

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12 comentarios en “Historias de un Hachi Roku californiano, la prueba final”

  • AlejandroL

    4 de junio de 2012 a las 00:53

    Envidia de la mala!!!!!! Muy buen artículo, me ha tenido super enganchado todo el tiempo. Sigue disfrutando!

  • Jose

    4 de junio de 2012 a las 00:54

    Genial, maravilloso reportaje, un auténtico disfrute, el paseo por la “PCH” (Pacific Coast Highway) me parece de lo mejor, las imágenes y música te teletransportan.
    Gracias.

  • Storm

    4 de junio de 2012 a las 10:48

    BRUTAL!
    “Ojalá pudiera transmitiros mejor la satisfacción que da poder conducir al límite un coche bien puesto a punto en circuito”.
    Dudo que sea posible! Se me han puesto los pelos como escarpias!
    Muchas gracias por vuestro genial trabajo!
    P.D: Y éso sin haber visto los videos!

  • kekis

    4 de junio de 2012 a las 13:05

    Muy bueno!,veo que por fin has encontrado el feeling con el coche. Voy a ser polemico para mi existe un coche que aun tiene más feeling; el M3e30…

  • Perk

    4 de junio de 2012 a las 15:56

    Que bonito esta el coche y que bien que funciona, parece responder al instante a lo q le mandas con el volante. Los japos lo parten!

  • topspeed

    4 de junio de 2012 a las 19:04

    Kekis, eso no es ser polémico es ser realista. No he probado un AE86 pero el e30 es el coche que más transmite de todos los que haya probado.

    El artículo genial, nos haces transportarnos al circuito contigo.

  • Jorge Azcoitia

    4 de junio de 2012 a las 19:13

    @Storm, créeme, mis palabras se quedan bastante cortas para lo que supone llevr este cacharrillo. Y por favor, en cuanto tengas un minuto échale un vistazo a los videos.

    @kekis, siento yo ser polémico de vuelta, pero he tenido la suerte de llevar no un M3 E30 cualquiera, si no el mismo que aparece tantas veces en los artículos de 8000vueltas… Esta unidad es lo más parecido, si no mejor, que un Sport Evolution que nadie pueda llevar. El coche es de lo mejor que he probado en mi vida. Y aunque me quedé embobado durante días pensando en él, no ha conseguido engancharme como el Toyota.

    Tal vez sea porque el japonés es más “humilde” y relativamente accesible que el M3, que además de ser desde hace unos años excesivamente caro, al igual que con el Toyota, empieza a ser muy difícil dar con una buena unidad.

    También tal vez sea porque aprecio que el Toyota sea más discreto y no deje de ser un simple utilitario (la de cosas que he llegado a cargar en él…).

    Lo que no cabe duda es que estos dos modelos deben de ser de los mejores que existen en hacer que el que los conduce disfrute y se sienta como un héroe.

  • kekis

    5 de junio de 2012 a las 13:19

    No te preocupes Jorge, ya conozco el M3 de Juan, se de lo que hablas. Pero bueno es mi humilde opinión, jejeje habiendo probado ambos coches y me quedo con el M, no desmerezco al hachi, pero para mi repito, esta un pasito adelante (motor,frenos,chasis). Esta claro que tb es un coche de otra categoría y mucho mas caro que el ae86, pudiendo no ser comparbles, pero en cuanto a feeling el M me sorprendió mucho.

    Lo bueno es que ambos son coches en los que da gusto rodar al límite(ya partiendo de su configuración de serie), es por eso que son tan deseados.

    Para mi no están caros, valen lo que son capaces de dar al conductor, te puedes comprar un patinete, te lleva a los sitios, no consume, haces deporte… pero tu mismo lo estas viviendo, has probado varios coches (coches de verdad) pero te lo pasas como un enamo con un hierro de mas de 20 años y en vez de prestaciones puras (que tb las tiene) hablamos de otras cosas…algo que no se consigue facilmente y menos hoy en día:

    No se paga por un buen chuleton de buey?Un buen vino?

  • Angel Martín

    5 de junio de 2012 a las 20:44

    Y termina con broche de oro mi prueba preferida de 8000vueltas. Gracias Jorge por transmitirnos tan bien tu historia con el Hachiroku, ha sido sencillamente sublime. Me alegra mucho que el coche haya acabado en manos de alguien que lo sepa apreciar y cuidar adecuadamente, ya que desgraciadamente no todos corren la misma suerte. Me he sentido identificado contigo en ciertas partes de la prueba, sobretodo en lo referente a la complicidad que se tiene con nuestro amigo, ahí es cuando uno se da cuenta de que es especial. No es un coche del que se pueda hablar de oídas, porque quien habla del AE86 no lo hace con la cabeza, sino con el corazón.

    No hay una explicación técnica o científica para describir porqué este coche es tan bueno. Digamos que en cierto modo es como cuando te enamoras, te empieza a caer bien, ves que te entiendes con él, y dado el momento crees que está hecho para ti. Luego te das cuenta de que amas todas sus virtudes, y sus defectos se convierten en peculiaridades, características, simples matices que dan forma a una personalidad más que remarcada. Y ahí, en ese instante, viendo la verdadera cara del Hachiroku, es cuando te das cuenta de que más que un compañero de viaje, es un verdadero amigo.

    De nuevo, muchísimas gracias Jorge. Un auténtico placer leerte.

    PD: Buena música en el vídeo jaja.

  • muzaman

    5 de junio de 2012 a las 21:16

    transmites perfectamente las sensaciones, todo amante de los coches sabrá de lo que hablas, y el que no seguro que cuando suba a uno se empieza a fijar en los “detalles”
    de tus curvas preferidas, sólo puedo hablar de la bajada de Bugatti; y qué decir, en coche la primera vez acojona, pero en moto con un punto de vista más alto ves lo mismo y te dan ganas de bajarte e ir a mirar a pie… luego la conviertes en una curva de fe y tiras la moto esperando a ver que pasa… que ganas de volver (moto o coche, el caso es volver)

    el artículo, las 3 partes, un 10…

  • ramón roca maseda

    6 de junio de 2012 a las 14:26

    Acabo de recibir el catalogo del Toyota GT 86 y veo que su fabricante menciona como antecedentes suyos al imponente 2000 GT……y al Corolla AE86 ¡cuándo Toyota lo dice !

  • Storm

    7 de junio de 2012 a las 10:52

    @Jorge Azcoitia
    Muy buenas, Jorge.
    Este tipo de crónicas le hacen a uno recordar vivencias propias y es por éso por lo que uno se siente tan identificado a pesar de no compartir coche ni circuito.
    Pude ver los videos y me quedo con la cara de satisfacción al final del video de la explanada para drifting.
    La satisfacción no está en los tiempos sino en la sensación de sentirse uno con el coche.
    Enhorabuen otra vez.

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