Prueba Talbot Samba: Larga vida al verano.

Samba: Baile popular y festivo típico de Brasil, de movimiento vivo, rápido y muy alegre.

Ironía: Expresión que da a entender algo contrario o diferente de lo que se dice, generalmente como burla disimulada.

Recuerdo que mi primera reacción al ver el coche que trataremos a continuación fue recurrir mentalmente a la lista de figuras literarias que me tuve que estudiar durante la ESO. Que un coche tan sencillo, pequeño e inofensivo, tan alejado de términos como vivo o rápido se llame “Samba” ¿qué representaba? ¿un oxímoron, una paradoja? No, simple y llana ironía.

El Talbot Samba nace en 1981 y muere en 1986, siendo el último Talbot en ser lanzado al mercado (quizás ya por esto merezca unos minutos de nuestra atención). Por cierto, fue durante una época el coche más barato del mercado en nuestro país (la versión normal, no el descapotable).

Su diseño se basaba en el del Peugeot 104 y aunque en su mayoría se produjeron con carrocería 3 puertas, el modelo que nos atañe pierde una de ellas para poder convertirse en descapotable.

Esta carrocería en concreto fue diseñada por Pininfarina y supuso en muchos aspectos el punto de partida de una serie de coches encarnados bajo el mismo concepto: Peugeot 205 Cti Cabriolet, Citroën Visa Cabriolet, Renault Supercinco Cabrio o el Seat Ibiza Cabrio entre otros.

Revisando la ficha técnica del vehículo (bastante más fiable que las fuentes consultadas), nos encontramos ante un púgil que clasificaría para peso pluma, con solamente 860 kg. Respecto a la potencia, su motor de código XY6B (de la familia de motores PSA X, también conocida como Douvrin) entrega 72 CV a 6000 rpm y unos locos 105 Nm a partir de las 3000 vueltas; bastante razonable para moverse con soltura.

El hecho de que aun emplease un carburador Solex de doble cuerpo nos indica que las cifras de potencia bien han podido variar de un modo aleatorio (siempre hacia abajo, claro) durante estas últimas décadas. Para frenar semejante potro desbocado, el Samba contaba con frenos delanteros de disco de 241 mm y traseros de tambor de 180 mm.

Ficha técnica de nuestro Samba

El Talbot Samba es el típico coche de jubilado portugués, figurada y literalmente, ya que su dueño (el padre de mi amigo Ivo) es exactamente eso. Y aunque hay que reconocer que nunca entraría en el estatus de clásico deseado o de culto, como veremos más adelante, este coche tiene «su punto». Eso sí, por samba nos imaginemos a una belleza brasileña contoneando sus caderas a un ritmo frenético, pero «nuestro» Samba (esta vez con mayúsculas) se aleja considerablemente de esa definición, ya que con 38 años a sus espaldas se encuentra más cerca de una anciana reumática que de dicha jovenzuela latina.

Visualmente, la primera impresión al mirar a nuestro protagonista es de humildad, sencillez e “inofensividad” suprema. Con su tamaño reducido, sus proporciones fáciles, luces propias de los 80 y ruedas del grosor de una pizza, el Samba te inspira ternura y agradeces que haya sido salvado de ser achatarrado en un mundo implacable con todo lo que no es nuevo, limpio o anodino, pero políticamente correcto.

Cada vez me fascinan más los coches clásicos, sobre todo por ver cómo hemos evolucionado, hacia dónde ha viajado el diseño y cuánto hemos cambiado en unas pocas décadas de automovilismo (y sociedad, porque el automóvil es un fiel reflejo de ello).

El Samba encarna perfectamente este sentimiento. ¿Cuál será el tacto de ese viejo volante de plástico (¡plástico!)? ¿Tendrá la caja de cambios una holgura abismal como viene siendo la tónica habitual en estos coches? En marcha todo se simplifica y, lógicamente, todo esto pasa a un segundo plano, pero a eso llegaremos más adelante.

Junto a un mito: el 2 CV
Y otro mito más: la Vespa

Tras repasar con unas bayetas y limpiador la carrocería del Samba, voy fijándome, ahora con más detenimiento, en algunos de sus detalles. Sí, detalles, es posible que no sean los remates en zafiro de los faros led de un Audi R8 o las superficies cristalinas del freno carbocerámico de un 911 Turbo, pero este pequeñín también ofrece pinceladas que llaman la atención y nos gustan (a su manera).

¿Hace cuanto que no ves un coche en el que la rueda de repuesto vaya sobre el motor? No me refiero a encima del capó, como en algún 4×4, sino entre el bloque motor y el capó. Dentro. Solo se me ocurren desventajas para esta disposición: menor refrigeración del motor o más peso sobre el eje delantero en un coche con el motor y la tracción sobre dicho eje… y, sobre todo, el riesgo de que ante avería mecánica, la rueda prenda cual pira funeraria. Puede que, efectivamente, no nos enamore, pero desde luego que dicha solución ingenieril es, cuando menos, sorprendente si queremos conservar 4 plazas y algo de maletero.

Sus ruedas 165/70-13 son otro de sus “hits” veraniegos. Auténticas llantas de chapa rematadas con un cubrebuje de plástico harían las delicias de cualquier obseso de las dietas de masa no suspendida. De todos modos, recordemos que el coche, lleno y en orden de marcha, no llegaría a alcanzar la tonelada de peso; todo un logro viendo que encima se trata de un descapotable.

El interior continúa la senda de austeridad del exterior del coche de un modo tan efectivo que te sientes el protagonista de una temporada de Cuéntame. Una vez accedes al asiento del conductor, notas la mullida calidez de su acolchado y, cuando palpas el volante, te das cuenta de cómo la ergonomía y el diseño ha evolucionado radicalmente en estas últimas tres décadas.

165/70R13, casi nada al aparato

Sin irnos más lejos, el propio volante, inclinado hacia delante (como nos pasó con el Mini clásico), y solo sujeto por dos finos brazos a la columna de dirección, resulta terriblemente llamativo hoy en día, aunque en los 80, sonando Eloise de Tino Casal, encajase como un guante.

Enfrente de ti, desafiante, un cuadro con toda la información que necesitas: revoluciones del motor, velocidad (a 110 km/h ya superas la mitad del recorrido), combustible, temperatura del agua y testigos de fallos ¿a quién le importaba en esa época cuánto consumía un coche?

Los pulsadores de los intermitentes tienen un tacto extraño, sabes que no están rotos cuando los accionas, pero hoy en día, “gracias” al marketing, hasta esos detalles han evolucionado cualitativamente. Para el final me dejo un infinito salpicadero que sirve para depositar objetos a modo de bandeja y un reloj analógico de cuarzo incrustado en la parte más remota del coche; otro guiño a un diseño completamente desfasado temporalmente.

Después de haber repasado tanto el vetusto interior como la sencillez de líneas exteriores, tocaba ponerse a pisar pedales, girar volantes y jugar con las distintas palancas. Empezamos retirando la capota de lona de accionamiento manual -como no podía ser de otro modo-, y ajustándonos posteriormente en el asiento. Resulta fácil encontrar tu posición idónea ya que el interior es increíblemente diáfano y por tanto espacioso, sin limitaciones por ninguna parte; tan solo unos desgastados cinturones de seguridad nos complican ligeramente el proceso.

El coche arranca con pasmosa facilidad. Esperaba que el motor de arranque girase durante unos eternos segundos y que el propulsor cobrara vida tosiendo como un veterano habituado a los cigarrillos portugueses sin filtro Kentucky, pero no fue así.

Comienzo a girar el volante sin dirección asistida con cierta dificultad, pero en cuanto engrano la primera marcha y supero los 10 km/h todo se vuelve mucho más fluido. Retomando el tema de la caja de cambios, he de decir que encontrar el guiado correcto de las distintas marchas requiere cierta práctica, motivado fundamentalmente por unos recorridos maratonianos entre ellas. Por cierto, aunque veáis en las fotos que son 4 marchas, en realidad hay 5; lo que está mal es el pomo, que se sustituyó por uno que no correspondía (encontrar repuestos empieza a no ser tan fácil).

Una vez circulando a velocidades razonables por pueblos de la costa norte portuguesa empiezas a disfrutar, por fin, del coche. Esa suave brisa fresca que se compensa con el incipiente calor veraniego, la oportunidad de pilotar una máquina antediluviana, una reliquia arcaica casi, son solo algunas de las recompensas que puedes lograr a los mandos del humilde Talbot.

No destaco la parte motriz ya que, con su exiguo motor para los estándares actuales, no podíamos batir muchos récords que digamos. Tras pasar por unas cuantas glorietas y empezar a descubrir los límites del coche nos dirigimos hacia una suave colina para estirar aquellos 4 cilindros franceses. Sin embargo, un fuerte traqueteo incesante y la negativa del motor a trabajar con normalidad nos obligaba a hacer una parada no prevista. Al no disponer de nociones básicas de mecánica, nos tocó volver cabizbajos a casa y liberar al Talbot de la tarea titánica de aguantar los envites de la juventud de estos ocasionales piloto y copiloto.

Debemos recordar que los clásicos son eso, coches de otra época en la que los «engrases» y revisiones de componentes o niveles antes de circular o emprender viajes largos eran tarea frecuente y necesaria, con lo que unos conocimientos básicos de mecánica multiplican el disfrute en la misma medida en la que reducen las sorpresas desagradables. Las cosas estaban hechas para durar (no se había «inventado» la obsolescencia programada) y con algo de cariño así era, como demuestra este ejemplar casi cuarentón.

Hasta ese momento el coche se había comportado de un modo más que ejemplar. Se nota que, a pesar de los años, el poco kilometraje (no llega a 90.000 km) y la sencillez general no han hecho mella en su filosofía de conducción sana, incluso alegre. He de decir que los apoyos a 50 km/h los cumplía con nota –bendita ligereza- pero creo me quedaré siempre con la duda de los apoyos a 150…

Aunque no he encontrado referencias de la época sobre el Samba Cabrio, en este artículo de Auto Hebdo, recopilado por la gente de Piel de Toro, pod´éis ver como se las gastaba el Samba Rallye frente a sus coetáneos.

Tras haber leído estos párrafos, el lector medio de 8000vueltas se estará preguntando ¿y qué tiene de especial el Samba para aparecer en esta página? Lo cierto es que el Samba ni corre ni se le espera, tiene un diseño gracioso, pero ciertamente no es un 250 GTO… Entonces ¿por qué? ¿para qué?

Pues, para empezar, porque es un imán de miradas. No os engaño. Vale, no es un Pagani, pero os aseguro que aparcases donde lo aparcases, atraía el interés de viandantes y más de uno nos preguntó acerca del mismo y su historia.

Miradas lascivas de viandantes

Pero yo quiero ir más allá. Aparte del imán de miradas, el Samba representa algo que cada vez escasea más: la ALEGRÍA, el buen rollo. Hoy en día, la corrección social impide que disfrutemos como se hacía antaño; sin prisas, saboreando el camino sin preocuparnos de aquellos aspectos superfluos que nos ahogan.

En el mundillo automovilístico sufrimos actualmente unas leyes anticontaminación cada vez más restrictivas que en muchos casos están condenando a nuestros clásicos y que impiden el disfrute de auténticas joyas históricas, cuando los coches con más de 30 años no representan ni un 5% de todo nuestro parque móvil de nuestro país.

¿Por qué no voy a poder conducir un coche que he cuidado durante todos estos años si se encuentra en perfecto estado? ¿Acaso no es eso infinitamente más ecológico que renovarlo cada 4 años? No quiero convertir esto en un aquelarre político, pero animo a la gente a seguir disfrutando con la automoción y, sobre todo, a pensar por sí mismos y a desoír a «la policía de lo correcto» sea quién sea. Y por qué no, a comprarse un clásico divertido, gracioso, sencillo, quizá aquel que tenía tu abuelo, o ese que te gustaba de niño. Te animo a apadrinar un clásico.

De hecho, quizá hasta podríamos, todos juntos, empezar un movimiento: #Apadrinaunclásico

Lo mismo que una casa es más que un mero lugar donde cobijarte, es un hogar, un coche es más que un medio de transporte: el coche representa la libertad, buenos momentos, recuerdos, aquella canción que te gusta escuchar mientras circulas de noche por tu ciudad natal, el viento meciendo tu mano al sacarla por la ventanilla, la adrenalina que te proporciona a altas velocidades por las curvas de un circuito mítico o el olor a verano con el sol y el aire sobre tu cabeza…

Por ello, el Samba es un coche que tiene un lugar en 8000vueltas, porque cumple su papel perfectamente: el papel de dibujarte una sonrisa cuando lo descapotas antes de deslizarte lentamente por el paseo marítimo de una ciudad costera, el papel de simbolizar la herencia viva de una historia que comenzó con tu abuelo, continuó con tu padre y que, muy posiblemente, hereden tus hijos.

Así que, ya sabéis, disfrutad mientras podáis, como aquel que degusta su último menú antes de ser ajusticiado o como aquel que apura en septiembre los últimos días antes de que el otoño (que se presenta frío y oscuro para los clásicos) haga acto de presencia.

Larga vida al verano. Larga vida a los clásicos, y a los coches divertidos, económicos, graciosos, únicos.

Agradecimientos a Ivo y a su padre Carlos por cedernos amablemente el coche durante una increíble jornada por el norte del país vecino.

Extra Lap

Antonio Zanini ganó con el Samba el campeonato de España de Rallies en el 84.

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8 comentarios en “Prueba Talbot Samba: Larga vida al verano.”

  • Arbeloa

    6 de octubre de 2021 a las 12:24

    Me ha encantado esta prueba!! Escribid sobre lo que os de la gana, prefiero eso a que estéis todo el día hablando de híbridos y tonterías, cada vez es más difícil leer sobre afición y pasión por los coches.
    Esta pequeña cafetera seguro que saca más sonrisas que muchos coches modernos con ínfulas deportivas.

  • Factoni

    6 de octubre de 2021 a las 22:39

    Me ha gustado bastante el artículo. Es un coche que jamás esperaría ver en este blog, pero me ha gustado la forma de enfocarlo. Tratar a un coche aparentemente poco interesante como una experiencia tan gratificante como ir a saco por un tramo. Entender su momento, su concepto, saber cuál es su gracia, en definitiva.

    “ Lo mismo que una casa es más que un mero lugar donde cobijarte, es un hogar, un coche es más que un medio de transporte”. Para mi, esta es la frase.

    Me ha gustado.

    Enhorabuena por el artículo.

  • Roberto Merino

    7 de octubre de 2021 a las 09:55

    Ay los clásicos…. Tengo que reconocer que antes no me fijaba demasiado salvo que fueran mitos de los rallyes o coches realmente especiales. Sin embargo, poco a poco me van gustando más y no puedo evitar girarme y echar un vistazo tranquilo cuando veo estos clásicos populares, que no correrán mucho, pero como bien decís pueden ser tremendamente gratificantes, especialmente si están bien mimados y son nuestra pequeña joyita.

    Este Talbot quizá no sería mi primera elección, quizá me llame más un Citroën 2 CV por ejemplo, pero es indudable que si vives en una ciudad en la que el tiempo permita usarlo, tiene que ser una pequeña gozada darse un paseo tranquilo con un par de niños bien contentos en el asiento trasero con papá y mamá.

  • PM

    7 de octubre de 2021 a las 13:03

    Muy chula la prueba, nunca he visto uno en vivo, buen cacharrete para disfrutar de la playa.

    Un saludo

  • pelele

    7 de octubre de 2021 a las 23:36

    Divertida y simpatica prueba, me ha gustado

    Por cierto, habeis escrito «cuanto menos», que es una incorrecion gramatical por desgracia bastante comun. Es «cuando menos»

  • Jordi

    8 de octubre de 2021 a las 19:24

    Buen artículo con excelente enfoque.

    Creo que disfrutar de los clásicos es fantástico, requieren más cuidado e ir a otro ritmo, aprendes de mecánica y a inventar, el mundo de los recambios es un otro mundo en estos cacharros.

    Cada día me gustan más, y me encanta que el elegido sea uno normalito, este tiene un plus al ser cabrio, pero que la gente no piense en la categoría de clásicos y sólo piense en Ferrari, Porsche… que hay clásicos populares con los que se puede disfrutar muchísimo.

    Ciao.

    Eso si, el que piense en un bicho de 30 años como histórico para poder entrar en zonas restringidas cada día, que se lo piense mucho!

  • Staff

    Lasheras

    14 de octubre de 2021 a las 07:46

    Gracias a todos por los comentarios.

    @pelele, corregido. Muchas gracias.

  • Iker

    26 de octubre de 2021 a las 14:36

    Excelente articulo, muchas gracias!

    Creo que no seré el único al que le gustaría ver mas material de clásicos entre vuestros lectores.

    A sus pies, señores.

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