Ford Nucleon: ¿un reactor nuclear en el garaje de casa?

¿Os imagináis a los Brady en uno de estos?

Ni portaaviones ni destructores ni rompehielos ni submarinos ni aviones …, sino ¡un coche nuclear! Fue uno de los proyectos más ambiciosos (y que no llegó más allá del papel) de la era atómica en la que se desató la euforia por la fisión nuclear: todo era susceptible de funcionar con energía nuclear. En un momento de inspiración, eran capaces de diseñar una cafetera que calentase el agua con un mini reactor nuclear.

En concreto, se trataba de un proyecto de la Ford Motor Company de 1958 en el que las espcificiones básicas eran: un coche destinado a la producción masiva en cadena y propulsado por energía nuclear. El nombre para el modelo era: Ford Nucleon (bastante apropiado).

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Como podéis apreciar en la maqueta, las dimensiones del automóvil eran bastante importantes. Podemos decir que el coche era modular: por una parte, la cabina para pasajeros, chasis y carrocería (lo que podemos llamar básicamente coche) y por otra parte, el módulo de propulsión.

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El aspecto de la carrocería era poco usual y futurista. La cabina de pasajeros se encontraba extremadamente adelantada (por delante del eje delantero) para alejar los más posible a los pasajeros del material fisible así como para equilibrar algo el presumible enorme peso del sistema de propulsión. Las líneas eran muy aerodinámicas para la época y recuerdan en parte a los modelos construidos en la época (con un marcado estilo basado en aeronaves: aletas caudales a modo de timones de dirección, …) como el Cadillac Eldorado del 57. El chasis y la carrocería se estructuraban en varias partes: el morro, la cabina de pasajeros y la zona de conexión con el módulo de pontecia. Esta última parte estaba compuesta por dos largueros laterales en los que se encontraban las ruedas traseras y entre los que se acoplaba dicho módulo.

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Como ya hemos dicho, el módulo de propulsión se encontraba suspendido en la parte trasera. Albergaba todos los sistemas necesarios para proporcionarle la potencia requerida al coche; su esquema era similar al de un submarino nuclear, pero en tamaño juguete. Contaría con un pequeño reactor nuclear de fisión que generaría el vapor necesario para mover dos turbinas: una encargada de la tracción acoplada (mediante algún tipo de trasmisión) a las ruedas traseras y otra acoplada a un generador eléctrico para usos diversos.

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No me imagino qué tipo de prestaciones podría llegar a tener este coche, pero desde luego, la autonomía hubiera llegado a ser inédita: se hablaba de más de 5000 millas (8000 km). El sistema de reabastecimiento era, en teoría, muy sencillo. Una vez instaurado este medio de propulsión, las “estaciones de servicio nucleares”, habrían sustituido a las tradicionales gasolineras y el propietario sólo tendría que acudir a una de ellas y allí le sustituirían el módulo de propulsión de combustible gastado por otro de combustible listo para la fisión (incluso el propieatario podría elegir entre varios tipos de módulos´según sus necesidades: más prestaciones, mayor autonomía, …). Los módulos con el combustible gastado serían recargados y montados de nuevo en otros coches.

La euforia reinaba entre los artífices del proyecto (como en tantos otros): el coche sería silencioso (a diferencia de los clásicos motores de combustión interna), “ecológico” (entrecomillado porque sí, no emitiría gases contaminantes, pero produciría residuos radiactivos), sería económico, …, en fin, sería algo maravilloso.

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Pero, ¿por qué no dejamos de soñar y bajamos al mundo real? La energía de origen nuclear (por ahora sólo fisión) es una fuente muy a tener en cuenta en el panorama energético global con grandes ventajas frente a otros tipos de energía, pero las desvantajas y riesgos son de tal magnitud que su uso es viable en muy pocas ocasiones o aplicaciones. Imaginémonos un Ford Nucleon real (nada de novelas de Julio Verne): las dificultades en el diseño y en la vida operativa del coche hubieran sido tan grandes que no se hubiera “comido un rosco”.

Las dificultades en el diseño más importantes que se me ocurren son tres: seguridad, protección y peso. En cuanto a la seguridad, los problemas hubieran sido los mismos que en cualquier central nuclear (protección frente a impactos, sistemas de seguridad redundantes, …) pero en reactor mucho más pequeño y destinado al “uso doméstico” (el precio presumiblemente sería prohibitivo). La protección frente a la radiación hubiera tenido que ser más elevada aun que en una central nuclear debido a la proximidad de los tripulantes. Esta protección conllevaría un peso completamente desorbitado para un automóvil (pensemos en un escudo de plomo y hormigón alrededor del núcleo del reactor). Los diseñadores confiaban en el desarrollo de materiales de blindaje ligeros que nunca llegaron a materializarse (nunca mejor dicho).

Las dificultades en la vida operativa serían también grandes. Aparte de las típicas de una central nuclear (riesgo de accidente, mantenimiento, radiación y desechos radiactivos), la proliferación de millones de mini reactores por todo el mundo y el “uso doméstico” de éstos implacaría todo tipo de problemas imaginables: la probablidad de fallo de alguno de estos reactores sería alta (debido a la gran cantidad de ellos), dispersión de material fisible y radiactivo por toda la tierra (dejaría de estar controlada la localización de estos materiales como hasta ahora), riesgo terrorista (¿os imagináis un coche de estos en manos de algún grupo terrorista?, no quiero ni pensar en un coche un bomba), …

Por estas y por otras razones como el conocimiento paulatino por parte de la sociedad de los problemas que alberga la energía nuclear, el proyecto de coche atómico pasó a la galería de anécdotas nucleares de la época. La perspectiva de los años nos ha demostrado que el problema energético no se iba a solucionar con la llegada de la fisión nueclear (se pensaba que el precio de la energía iba a ser tan ridículo que ésta llegaría a ser gratis) así como que ésta no se podría aplicar con la “alegría” que se imaginaba en esa época. Me considero un gran defensor de la fisión como fuente de energía puente hasta la llegada de una sustituta (como la fusión nuclear), pero es evidente que hay que en ciertas aplicaciones hay que valorar más los riesgos que se asumen.

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En fin, después de este pequeño sermón, me quedo con ganas de escribir más acerca del futuro energético de nuestros coches a corto y a largo plazo; que, si Dios quiere, nos tocará vivir a todos en las próximas décadas. Ya será para otro artículo u otros artículos …

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7 Respuestas a “Ford Nucleon: ¿un reactor nuclear en el garaje de casa?”


  1. 1 Walter 15 Jul, 2007, 4:55 am

    Muy buena la aclaracion y redundancia vital, para concientizar acerca de lo minusioso que tiene que ser el cuidado que hay que tener al tratar con la fision nuclear, su uso en autmoviles hubiese sido simplemente imposible.

  2. 2 shadow 9 Ene, 2008, 11:48 pm

    el ford nucleon era sin duda el poryecto mas ambicioso de esta compañia pero solo es un prototipo viejo pero haora se puede hacer realidad la tegnologia americana lo puede hacer realidad si ubieran carreteras en el espacio seria muy util y se llamaria ford nucleon ultra space car

  3. 3 MOISES 9 Nov, 2008, 7:11 pm

    yo ni loco conduciria un “reactor nuclear” con ruedas como dice y si se llegase a chocar?? o un coche bomba??

    ADIOS A TODO que bien que no se construllo

  4. 4 Roberto Rodriguez 21 Nov, 2008, 2:58 am

    Puedo entregar Uranio para los reactores nucleares

  1. 1 meneame.net Dirección Trackback a 30 Jul, 2007, 10:05 pm
  2. 2 www.marcianos.com Dirección Trackback a 31 Jul, 2007, 5:01 pm
  3. 3 Ford Nucleon Concept, la fisión nuclear aplicada al mundo del automóvil Dirección Pingback a 12 Oct, 2008, 8:57 pm

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