Es muy fácil hablar de Porsche. A poco que conozcamos la marca sabremos que se trata de una de las más laureadas en competición a lo largo de la historia, construye peculiares deportivos y se recrea desafiando desde el comienzo de su existencia los límites de la física.
Aunque todo empezó con el Porsche 356 (para Porsche como marca) no fue hasta 1964 cuando se cimentó la aparición del modelo que hace que Porsche haya tenido un destino hasta nuestros días. En 1964 aparece el Porsche 911. Su arquitectura, se dice a menudo, fue heredada del 356 e incluso del VW Beetle. Nada más lejos de la realidad. Lo que fue heredado fue el concepto, pero no la filosofía del modelo y mucho menos sus características.

El 356 fue diseñado por Ferdinand “Ferry” Porsche. Nació como un coupé de motor central y chasis de aluminio, pero las restricciones económicas y técnicas de la época hicieron que acabase heredando motor y componentes mecánicos del VW Beetle, lo que condicionó su arquitectura al todo atras. Esto es: Motor trasero tipo boxer (colgado por detrás del eje trasero) y tracción trasera. Hoy es historia, pero su legado es plena actualidad, gracias a su sustituto: El 911 (Nueve once para los de casa). Derivó del 356 y ya no se planteó cambiar lo que estaba comercialmente funcionando. Las ansias de los clientes por motores de mayores prestaciones hizo que se pasara del bóxer de 4 a 6 cilindros, pero lo demás siguió con la (corta por aquel entonces) tradición. (Fin del micro-resumen)
Serie I: Porsche 911 Turbo 3.0 (930) (1974-1977)

Diez años pasó Porsche fabricando los 911 exclusivamente con motor atmosférico, y no le fue mal. Pero en 1974 nació un modelo que llevaría el savoir faire de la compañía en competición a los 911 de calle: El 911 Turbo. En esta primera aparición fue conocido como 930 Turbo, era un 3.0 y ofrecía una potencia de 260 Cv (La variante de acceso de aquella época daba 165 escalofriantes caballos).

Aunque el 930 Turbo no fue una cuestión de potencia exclusivamente, sino también de sensaciones. Se trata de un coche que 33 años después sigue siendo rápido ¡Y de que forma!. 6,1 de 0-100 y una punta cercana a 250 km/h (246 km/h) lo catapultan cuando hundimos el píe, con cuidado, en el gas. Es rápido, pero de la vieja escuela. Se conduce con el acelerador, y eso conlleva un inseparable factor riesgo a la hora de ir rápido. Además el turbo sopla a la manera de aquella época, todo o nada y con un considerable retraso de funcionamiento que le da parte de su magia al primer 911 Turbo. Lamentablemente los frenos no acompañaban como acostumbran en las creaciones de la marca, y era el punto negro de este primer 911 sobrealimentado, la caja de cambios de 4 marchas era lo que había en la época y no se podía pedir más. Estéticamente: Más ancho y con su alerón característico apodado “cola de ballena” (Proveniente del Carrera RS 3.0)
Unidades fabricadas: 3.227
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