Cannonball Run: nos gustan los récords.

El hombre tiene un afán de superación insaciable, cuando además hablamos de batir a otro hombre, a otro equipo, a otra ciudad, a otra empresa -o lo que sea que tengamos enfrente- en un imaginario campo de batalla, se nos enciende un mecanismo interior que busca irrefrenablemente la victoria, la gloria de ser los mejores.

Mítico Red Ball Garage, punto de inicio de la Cannonball Run

Es algo complicado de explicar, pero si alguna vez has ganado algo tras mucho esfuerzo y dedicación, incluso si te has quedado rozando la victoria en las amargas puertas de la segunda o tercera posición, sabes a qué me refiero. Ser bueno gusta. De hecho, engancha.

Para los amantes de los coches, los récords suelen estar limitados a las sumas de dinero que se pagan por ciertas unidades en las subastas (interesante lectura aquí) o, mucho mejor, con la velocidad. Más rápido, más efectivo, más potente, mejor.

Buscando a la policía

Este es el espíritu que ha motivado a tres tipos cualquiera (o casi) a lanzarse a la carretera a los mandos de un E63 AMG de 2015 (con algún que otro truquito) para batir el récord -e infringir cuantas cuantas leyes por el camino- de lo que en E.E.U.U se conoce como la Cannonball Run (sí, igual que la mítica película de los 80), que no es otra cosa que la ruta que une la costa Este (Nueva York) con la Oeste (Los Ángeles).

Los locos de la Cannonball en España, película americana inspirada en la mítica carrera

Es normal que no tengas ni idea de lo que te hablamos, nosotros no la teníamos antes de leer este fantástico artículo (en inglés) de la revista Road & Track, pero al perecer existe toda una subcultura en Estados Unidos que rinde culto a aquellos que tratan de batir (o batieron en el pasado) el récord de velocidad entre ambas ciudades.

Lo cierto es que hay una gran historia detrás de la Cannonball. Brock Yates, editor de Car & Driver, inspirado por las hazañas de Erwin George «Cannon Ball» Baker, que desde 1910 hasta 1930 había cruzado el país en moto en varias ocasiones en busca de mejorar sus marcas (entonces se tardaba entre 10 y 12 días) tuvo la idea de organizar una carrera en los 70 en protesta por la pérdida de libertades que los estadounidenses estaban sufriendo a la hora de circular con sus automóviles.

Erwin Baker, pionero de la Cannonball

El propio Yates ganó la edición de 1971 junto al conocidísimo y querido piloto de F1 e ingeniero Dan Gurney (artículo de lectura obligada aquí), cuando consiguieron completar la distancia que separaba ambas urbes en 35 horas y 54 minutos a los mandos de un Ferrari Daytona GTB-4. Eso sí, según Gurney, sin pasar nunca de las 175 Mph (282 Km/h)

Yates y Gurney con el Daytona en 1971

En el 75, Rick Cline batía el record de Yates y Gurney por un minuto (!) en un Ferrari Dino GTS (no dejes de pinchar sobre el enlace que hemos dejado). En el 79 el récord se lo llevaban Dave Heinz y Dave Yarborough en un Jaguar XJS, mientras que en el 83 eran David Diem y Doug Turner quienes marcaban un crono de 32 horas y 7 minutos con su Ferrari 308 GTS.

Ferrari 308 GTS ganador en el 83

No sería hasta el año 2000 cuando la carrera recupería fama internacional gracias al excéntrico Alex Roy que, a los mandos de un M5 E39 -ayudado por una avioneta que sobrevolaba delante de él las carreteras en busca de patrullas de la policía- batiría un nuevo récord con una marca de 31 horas y 4 minutos.

M5 E39 de Roy en el 2000, la discreción no era su fuerte

Más recientemente (2013) Ed Bolian, Dave Black y Dan Huang marcaban con su CL55 AMG de 2004 un tiempo que por aquel entonces se consideró inmejorable: 28 horas y 50 minutos, con una media de 98 millas/hora.

El hecho de que sea completamente ilegal hoy en día no evita que haya «clubes» como The 2904 o C2C Express que «recorren» año tras año la ruta en una «carrera» sin reglas y sin cuartel por alcanzar la meta antes que los demás.

Participantes de The 2904 en 2015. Coches rápidos pero discretos, lo que se conoce como un Sleeper para pasar desapercibido.

Nuestros protagonistas de hoy (Arne, Doug y Berkeley) han conseguido batir un récord que puede que muchos ya hubieran olvidado o que ni siquiera conocieran, pero lo cierto es que han abierto de nuevo el debate de la velocidad como enemigo público número uno de las administraciones públicas.

Antes de entrar en detalles, analicemos los datos. Nuestros protagonistas salían desde el mítico Red Ball Garage al Este de Manhattan a las 12:57 de la mañana del 10 de noviembre de 2019, llegando al Hotel Portofino, en Playa Redondo, Los Ángeles, 27 horas y 25 minutos después. Es decir, recorrieron 4.546 Km a una media -incluido paradas para repostar- de 166 Km/h en un país en el que la policía no se anda con bromas y en el que la mayoría de las autovías tienen un límite de velocidad de 70 Mph (113 Km/h). Durante todo el viaje, ¡solo estuvieron parados durante 22 minutos!

Velocidad media, 103 mph. Velocidad máxima 193 mph (310 Km/h)

Por supuesto, una «misión» de este calibre exige más preparación que coger el coche y salir a conducir como quien no quiere la cosa, al menos si la idea es batir el récord de verdad. El estudio de las rutas, los horarios de menor tráfico, los desvíos o atajos más rápidos (ya hemos dicho que no hay reglas salvo ser el más rápido) y la preparación del vehículo les supusieron a nuestros protagonistas cientos de horas de trabajo.

El E63 AMG fue preparado no solo para ser muy rápido, sino también para evitar ser visto. A nivel mecánico, contaban con una preparación de motor con turbos de mayor capacidad, intercoolers, centralita, admisión y escape que proporcionaba unos 700 cv a la rueda. El apartado de suspensiones y frenos se dejaba de serie, pues el E63 es todo lo que necesitas para volar bajo por carretera, pero se instalaba un depósito de combustible de alta capacidad procedente de las carreras de resistencia para minimizar los repostajes al máximo.

Preparación ALPHA 9 para el E63 AMG
Depósito de gran capacidad y vinilos tapando cualquier parte de carbono o apéndice aerodinámico.

Entre algunos de los «gadgets» con los que contaban para «cazar» a las patrullas de la policía y evitar ser vistos eran: desconectador de luces traseras para hacerse «invisibles» por la noche, un detector de radar, un inhibidor de radares y un sistema para detectar patrullas aéreas – procedente del mundo de la aviación, empleado para evitar colisiones entre aviones-.

Sumaban también un juego de prismáticos con estabilizador de imágen para otear en busca de coches patrulla que vengan de frente (allí los radares móviles también «te cazan» aunque circules en dirección contraria) y una radio con un escáner para poder escuchar las frecuencias de la policía (aunque solo funcionaba en zonas donde la señal de la policía no estaba encriptada por seguridad).

Para la navegación contaban con la aplicación Waze (nosotros también la usamos), y varios GPS, tablets y móviles con los que probar que las distancias y tiempos recorridos eran de verdad, así como recibir avisos o etiquetas que otros usuarios de aplicaciones de tráfico iban señalizando delante de ellos (accidentes, retenciones, etc).

Lo más impresionante, seguramente, sería era un sistema de medición térmico de gran alcance direccional montado en el techo del coche y que podía ser dirigido desde el asiento de atrás con el objetivo de buscar coches patrulla parados en el arcén o escondidos detrás de árboles, arbustos, carteles, etc.

Lástima que finalmente no fuera demasiado útil durante el viaje, pues los motores eléctricos que lo comandaban no tenían fuerza para mover el objetivo debido a la velocidad a la que circulaban, y el sistema se quedaba «colgado» si enfocabas demasiado lejos (y nunca es demasiado lejos cuando viajas a alta velocidad).

Para jugar aún más al despiste, todos los emblemas de AMG fueron retirados y parte de las luces traseras y otros elementos fueron tapados con vinilo del color de la carrocería para hacer que el E63 de 700 cv se pareciera más a un sedan normal y corriente con 10-15 años encima que a un monstruo capaz de superar holgadamente los 300 Km/h. Indiscutiblemente ayudaba también un impersonal y discreto color gris.

Atención a la cámara térmica en el techo (que solo usaban de noche para no llamar la atención) y a los diferentes vinilos en los faros, paragoples y portón trasero para «camuflar» el AMG.

Según nuestros protagonistas, sin embargo, el factor determinante no había sido ni la potente mecánica de su AMG ni todos los «sistemas» que habían incorporado al mismo, sino el factor humano. Entre nuestros dos protas, uno cofundador AMS Performance (responsable de la preparación del AMG) y el otro, que vive de la compraventa de coches deportivos, tenían decenas de contactos, amigos y fanáticos de la Cannonball y de la Gumball 3000. Gente que se dedicaba, básicamente, a conducir rápido donde fuera.

De esta forma, a través de llamadas telefónicas, consiguieron que entre 18 y 20 spotters a los que la idea les pareció un plan inmejorable, recorrieran en algunos casos cientos de kilómetros para conducir, minutos antes de que lo hiciera el AMG de nuestros protagonistas, por carreteras desiertas en medio de la noche y en medio de la nada, para así poder advertir de los incidentes o de las patrullas de policía que veían en tiempo real.

Lo más cerca que estuvieron de ir directamente a prisión fue cuando se cruzaron, conduciendo por encima de 200 Km/h, con una patrulla de policía que los localizó con el radar. Tuvieron la suerte de que el Ford Explorer que se habían cruzado no tenía gasolina (o ganas) para empezar una persecución a alta velocidad (uno de sus oteadores lo vio poco después en una estación de servicio repostando).

Unos kilómetros después encontraron una patrulla a la espera de cazarlos (presumiblemente los 2 coches de policía se habían avisado por radio) pero a velocidad legal y camuflados adelantando detrás de un camión, fue incapaz de reconocer en nuestros amigos un AMG circulando a velocidades ilegales pocos minutos antes.

Ver y no ser vistos

Desde ese punto hasta su llegada, no hubo otros incidentes reseñables salvo un problema de motor debido al bajo octanaje de los combustibles de algunos estados y encontrarse con muchos ciervos en la carretera debido a que estaban en época de celo. Nuestros protagonistas declaran que, a pesar de haber alcanzado una velocidad máxima de 310 Km/h, no hubo en todo el viaje sustos ni incidentes, tan solo conducción a alta velocidad.

En definitiva, una historia para ser contada, como muy bien han hecho nuestros colegas de Road & Track Magazine y la gente de VIN WIKI Car Stories con este vídeo:

Si quieres más polémica sobre velocidad, échale un vistazo a este artículo sin desperdicio que publicamos en 8000vueltas hace tan solo unos meses.

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9 comentarios en “Cannonball Run: nos gustan los récords.”

  • kro

    24 de enero de 2020 a las 12:19

    El camuflaje en la parte trasera de los logos AMG y parte de los faros era para que si una patrulla ve el coche por detras pensaran que es un Accord y asi dificultar el hecho de ser identificados.
    Creo que lo explicaron en otro video

  • Pepe

    24 de enero de 2020 a las 16:22

    Me gustan los coches y me gusta la velocidad, pero ojalá que les hubieran cazado y les metieran un puro que se acordaran el resto de sus vidas (en USA el exceso de velocidad no es ninguna broma).

  • Deivid Torrepower

    25 de enero de 2020 a las 12:01

    Controvertido artículo allá dónde los haya. Aunque no deja de ser algo oficioso y, por tanto, siempre cabe la duda, por mínima que sea, de que dicho viaje sea artificial. Real o no, un velo de leyenda siempre cubre este tipo de hazañas.

    Como historia, a mi me encantan este tipo de periplos. Camuflaje, GPS por doquier, muchas trampas… y un depósito de combustible de… ¿300 litros, si no mas? (así, a «ojimetro» y teniendo en cuenta que al E63 tiene una capacidad de 540l en el maletero y el nuevo depósito debe dejar libres unos 200 como mucho) Porque para hacer tiempo en un viaje medio / largo no es tan importante un consumo bajo, ni una velocidad punta alta como sí lo es un depósito enorme que te permita estar muchísimos kilómetros en marcha. Si no, que se lo pregunten al ex equipo de F1 BAR…

    Como hecho en sí… vale, es un acto delictivo (no demostrable) pero como pienso que es mas peligroso un mal conductor a 100km/h que uno ducho a 150… por muy impopular que sea mi planteamiento, no puedo evitar sentirme un poquito cómplice de esta gente.

  • Enrique

    25 de enero de 2020 a las 16:19

    Grandísimo artículo. Y entre tantas noticias ECO un placer leer esto. Mi más sincera enhorabuena a estos chicos. Seguro que estaban atentos a la carretera y sin usar el móvil.. no como otros que crean mucho más peligro aún llenado a 60 km/h

  • Jose Luis

    28 de enero de 2020 a las 13:22

    Me ha encantado el artículo, una hazaña cuestionable por algunos, pero a mi modo de ver un reto personal magnífico y con una historia y un legado detrás muy interesante

    Son de esas historias que hacen plantearte que has hecho en tu vida que sea memorable, mas allá de ver tu estómago crecer y pagar la hipoteca

    Para cuando una Cannonball Española en 8000vueltas??

  • indeciso

    28 de enero de 2020 a las 13:29

    Brutal historia. Da gusto ver a gente que aún conserva sangre en las venas y no se ha convertido en el hombre masa.

  • James Marshall

    28 de enero de 2020 a las 23:26

    Por lo que he podido averiguar, 45 galones del depósito extra + 21 galones del que trae de serie = 66 galones = 250 litros.
    Se lo fundían en unos 800 km, algo más de 31 l/ 100 km.

    Saludos cordiales.

    James Marshall.

  • Cura Merino

    28 de enero de 2020 a las 23:29
  • Jordi

    30 de enero de 2020 a las 00:33

    Bastante locura, pero con algo de cabeza, parece, espero que no salgan muchos imitadores!

    Además de la que mencionan antes, hubo otra de moto contra el AVE, Madrid Sevilla de la época donde ganó la Kawasaki.

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